La violencia ha sido normalizada en nuestra sociedad hasta tal extremo que, a veces, parecemos insensibles a ella. Muertes por desastres en el telediario matinal, muertes por conflictos armados con la comida, muerte a manos del cónyuge para la cena…

Hechos como los que rodean la muerte de George Floyd en EE.UU. nos muestran que aún hay un atisbo de esperanza: no somos totalmente insensibles a nuestro entorno. 

¿O sí?

  • En mayo 2020 España acumulaba 20 víctimas mortales por violencia de género. 
  • Se estima que 40 millones de personas en el mundo son esclavas. 10 de ellas son niños/as.
  • 87.000 personas perdieron la vida en campos de batalla en 2016

La violencia está tan enraizada en la humanidad que toda inercia nos devuelve a ella. El status quo de nuestra sociedad es violento. El negro que hoy tiñe los muros en redes sociales se desvanecerá igual que se dejan de ver los crespones negros y/o morados.

Pero la violencia no tiene cabida en el siglo XXI. Ningún tipo de violencia. No debemos permitir el regreso a la normalidad, una normalidad llena de muertes sin sentido.

Ya no vale la pasividad: no ser racista, no ser supremacista, no ser extremista, … hay que ser activo: anti-racista, anti-supremacista, anti-extremista. El mal, para triunfar, solo necesita que el bien no haga nada.

Debemos señalar aquello que no tiene lugar en nuestra sociedad, denunciar al violento. Y extender la mano a quien necesita ayuda.

Y podemos hacerlo solos, o acompañados

Fuentes